Contexto Económico
Bolivia


Bolivia ha vivido diferentes momentos en su historia económica. Al momento de su fundación como república (1825), las relaciones sociales de producción se mantuvieron bajo los cánones del feudalismo, hasta la denominada Revolución Nacional de 1952 en que se instaura un nuevo periodo, donde el Estado se asume como el principal actor en el desarrollo económico (Capitalismo de Estado) y se produce una importante modernización en las relaciones sociales de producción y el patrón de acumulación de riqueza, aunque gradualmente las conquistas de esta etapa empiezan a ser distorsionadas y favorecer abiertamente a los nuevos grupos de poder y élites surgidas del proceso.

Posteriormente, luego de agotado el capitalismo de Estado, que emergió en el ’52, y como respuesta a la hiperinflación que se desató durante la primera mitad de la década de los 80 en Bolivia, las élites políticas y grupos de poder económico logran imponer los denominados programas de ajuste estructural – de corte neoliberal – que se asentó en los pilares de la privatización de las empresas estratégicas del Estado, la política de fronteras abierta – libre importación -, flexibilización laboral y achicamiento de las responsabilidades del Estado, agudizando las condiciones de pobreza ya imperantes en el país.

Hasta inicios del 2000, el neoliberalismo impuesto en Bolivia contribuyó a sumir al país en su conjunto en una crisis generalizada – política, económica, social y de autoridad de Estado -. Este hecho desarrolló en la mentalidad popular la necesidad de devolver al Estado el rol protagónico en la economía y en el desarrollo social, basada en un modelo diferente de gestión de los recursos naturales y dando oportunidad a los sectores que anteriormente fueron excluidos o marginalizados en la economía. Esto vino aparejado con la demanda de un nuevo pacto social que tendría en la Asamblea Constituyente y su correspondiente constitución sus principales hitos.

Bolivia se encuentra en este momento en un proceso de cambio, aunque todavía no se han dado pasos significativos que reviertan objetivamente los problemas generados por patrones y modelos de acumulación excluyentes y re-concentradores de riqueza y oportunidades. Fundamentalmente, todavía se desarrollan las actividades económicas bajo la misma lógica extractivista, en esencia depredadora y de alto impacto negativo en la vida de las personas y su medio ambiente.

Todos los modelos de gestión aplicados en Bolivia, hasta el presente, se han basado en la concepción de que la naturaleza proporciona al ser humano recursos naturales que se deben aprovechar intensivamente para generar acumulación de riqueza, mostrando una escasa observancia de la necesidad de que ésta sirva para contribuir al desarrollo integral de las colectividades humanas existentes en la sociedad boliviana. En este proceso del uso de los recursos naturales se ha “castigado” con mayor insistencia en aquellos segmentos poblacionales, como los pueblos indígenas. Para estos pueblos lo que desde nuestra perspectiva occidental denominamos “medio ambiente” o “naturaleza”, ellos lo consideran como “la madre naturaleza”, porque de ella vienen, de ella aprenden, con ella conviven y en algún momento tendrán que volver a su seno. Por lo tanto no es un simple espacio de producción material, sino de reproducción social y cultural.